Ennio, musica per il cinema
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Desde hace algunos años (ya varios para ser honestos) conocí por primera vez una melodía de Morricone, siendo sincero, me gustó pero no pasó de ahí; una semana después de ese hecho escuché otras melodías de él mismo y definitivamente me cambió la perspectiva, en lo que se puede llegar a convertir una melodía en tu vida.
La música de Morricone se ha convertido en estos años en melodías que han marcado mi vida; desde mis tiempos en teatro, mis tiempos de director, momentos mágicos con mi novia y ahora mi esposa, la muerte de mi abuelo y muchos otros más.
Ayer tuve la oportunidad de presenciar en vivo un concierto de Morricone, con la Orquesta Roma Sinfonietta (96 músicos, violines, batería, guitarra electrónica, bajos, sintetizadores, violas, violochelos, contrabajos, flautas, oboes, clarinetes, fagotes, cornos, trompetas, trombones, tubas, saxofones, arpa, tímpano, percusiones, piano) con una soprano lírico coloratura de nombre Susana Rigacci, con el Coro de México (más de 100 personas) todos bajo la batuta de su director Ennio Morricone, un italiano de 80 años que supo atrapar a las casi 9,000 personas que nos reunimos en el Auditorio Telmex.
Inició con “Los Intocables” -que ya es decir mucho- siguió con uno de los mejores temas, claro desde mi punto de vista ”Érase una vez en Ámerica”, melódía que atrapa, que te golpea el corazón, que te abraza, que te dice y te exige un sentimiento, el que tú decidas, pero no te puedes quedar inmune.
Posteriormente dos adagios, con su primer violín Francesca Vicari, melodía que te recompensa, que te anima y que te motiva a seguir por ese camino de amor y esperanza; luego entonces siguió la melodía que en el programa se anota como Sábanas desordenadas, donde el piano se combina con los sintetizadores, guitarra y bajo eléctrico y al final, no sabes donde se unió lo clásico con lo moderno, donde al final no sabes si te gustó lo clásico o lo moderno, melodías que muestran la originalidad y creatividad del director.
Y para terminar el primer acto, el tema musical de “El bueno, el malo y el feo” con la melodía que para mí, es lo mejor que he escuchado “Érase una vez en el Oeste” con la soprano Susanna Rigacci, el recuerdo, el miedo, el amor; la voz, el sonido, el coro, la orquesta, el sentimiento, el corazón unido en un mismo ritmo para sentirte asfixiado, desorientado, acongojado; y al final el extasis musical y sentimental para accesar al término de una de las mejores melodías que se han hecho para un filme.
Lágrimas, sonrisas, recuerdos, emociones, y muchas otras cosas más se vivieron en el concierto; en el segundo acto ya el público nos convertimos en presas de la música de Morricone, y él, supo darnos lo que necesitábamos: “La antigüa escalera” con la primer flauta de Monica Berni; “La Batalla de Argel” y “Abolición” con el coro de México, “El desierto de los tártaros” “Ricardo III” y la conocida mundialmente “La Misión” con su oboe de Gabriel, Cataratas y Así en la Tierra como en el Cielo.
Ennio se despidió 4 veces y en 4 ocasiones tuvo que regresar para regalarnos otras melodías, faltaba la melodía de “Cinema Paradiso” y el público aplaudió durante 2 ocasiones antes de que terminara la misma; fue una noche inimaginable, fue una noche extraordinaria, una noche mágica, una noche irreal, una noche llena de amor.
Ennio Morricone, mito dentro de las bandas sonoras; hombre culto que supeditado su música a las imágenes, ha sabido innovar, dejando una huella imborrable en el mundo del cine y de la música.
En el mes de enero se celebran la Fiesta Patronal del Señor de Monte, en Jocotepec; Joco, como lo llamamos los nativos de ese lugar, tiene muchos aspectos turísticos, la cercanía a Chapala y a Guadalajara, lo hace un lugar muy fácil de visitar; entre sus encantos culinarios se tiene la birria de chivo, su nieve y el tejuino, las cuales son compras obligadas.