Cierto hombre susurró: ¡Dios, háblame! y el ave cantó, pero el hombre no oía.

Luego el hombre, habló más fuerte, pidiendo: ¡Dios, háblame! y un rayo cruzó el cielo.

Pero el hombre no oía.

El hombre miró a su alrededor y dijo: ¡Dios, permite que te vea! y una estrella se iluminó con gran resplendor, pero el hombre no la notó.

Entonces el hombre gritó: ¡Dios, muéstrame un milagro! y en ese minuto nació un bebé. Pero el hombre no lo supo.

Luego el hombre pidió a gritos en desesperación: ¡Tócame Dios y hazme saber que estás aquí!. Dicho esto, Dios bajo y tocó al hombre, pero éste espantó a la mariposa que volaba su alrededor y continuó caminando.

No te pierdas de una bendición sólo porque no viene envuelta del modo en que tú esperas.

“La bendición de Dios es la que enriquece y no añade tristeza con ella.”

- Provebios 10:22 -



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